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Los españoles usaban el castillo
de San Felipe de Lara, en Río Dulce, Lívingston,
para defenderse de los piratas.
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Castillo de San Felipe, una fortaleza con historia
Por Edwin Perdomo, en PrensaLibre.com (15 febrero 2009).
Enclavado en el Caribe de Guatemala, a 278 km
de la capital, se encuentra el Castillo de San Felipe de Lara, un recinto
que detuvo el tiempo durante 414 años y que guarda en sus muros detalles de
batallas que libraron españoles para proteger su mercadería de los piratas.
Esa fortaleza se construyó en 1595, a
orillas de Río Dulce, para vigilar la entrada de piratas al otrora Reino de
Guatemala por el mar Caribe, ya que éste conectaba con Puerto Cabezas, hoy
aldea Mariscos.
El rey Felipe II ordenó que se
construyera un recinto fortificado con torre, la cual sería protegida por
12 soldados y 12 piezas de artillería, que se llamaría Torre de Sande,
explicó la guía de turismo Abigail Estrada.
La administradora de ese lugar, Gladis
Chacón, declaró que cada embarcación que comercializaba productos
pagaba un impuesto, y que una enorme cadena impedía el libre paso de las
naves.
Sin
embargo, piratas de Inglaterra, Holanda, Bélgica y Portugal ingresaban en
Río Dulce para llegar al Lago de Izabal, donde funcionaban las bodegas de
mercadería. En 1604 destruyeron la torre, por lo que el capitán Pedro De
Bustamante ordenó su reconstrucción y la bautizó con su apellido.
Unos 40 años después, los piratas
aumentaron, atacaron el castillo y lo destruyeron por segunda vez. En 1651,
el oídor Antonio De Lara y Mogrovejo
ordenó la reconstrucción y bautizó la edificación como Castillo de San
Felipe de Lara, en honor al rey y le agregó su apellido, relató Carol López, otra guía.
El castillo fue atacado unas cien
veces, destruido tres más e incendiado en cinco ocasiones, pero aún
permanecen intactas sus paredes, cocinas, comedores, cárceles, áreas de
concentración de soldados y torres de vigilancia.
La
construcción pasó a ser cárcel en 1655, donde aún permanecen bartolinas
usadas para castigar a los presos, las cuales se inundaban cada vez que
crecía el río. En 1660 los piratas vuelven a la carga y se reinstalan en la
fortificación militar.
La última incursión enemiga fue en
1819. El castillo fue abandonado en 1824. Desde 1900 se ha convertido en atractivo
turístico. En 1955 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura.
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